sábado, 8 de marzo de 2008

retomando

Hoy pensé historias, caminé mucho, atravesé la ciudad de lado a lado, anduve en diferentes sistemas de transporte. Pnesándolo bien anduve en casis todos los sistemas de transporte público.
subte, remise, tren, colectivo, taxi. También anduve en bicicleta.
Sin auto.
Pensé historias. Pensé en ella, en mí, en mí en ella, en cuanto no quiero volver a estar con ella. pensé eso como cincuenta veces por lo menos.
Cuántas veces tengo que pensar que no quiero estar con ella para no tener que volver a pensar en eso?
Cuántas veces tengo que pensar que es mejor que las cosas sean así, que en realidad no me conviene en lo más mínimo alguien como ella, para dejar de pensar que en realidad no me conviene en lo más mínimo alguien como ella?
Me repito esos argumentos, sólidos, fundamentados una cantidad enorme de veces.
Cuando uno reanuda sus argumentos insistentemente, sin que nadie se los pida, sin nadie a quien decírselos, se trata de un ejercicio de la convicción o de una forma diferente de expresar el dolor?
Nos esforzamos por convensernos.
La verdad es justamente eso: el punto más alto al que puede llagar nuestra necesidad de convencernos de algo.

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