
Aviso: se me viene acentuando una intolerancia marcada a las afirmaciones ligeras, a los razonamientos simplistas, a las lecturas sesgadas, a la fenomenología doméstica venida a interpretación aguda de la actualidad.
Alteraciones súbitas del flujo sanguíneo, malestar en el centro del estómago, irreflenable elevación del tono de voz e intensos apretones de ambos maxilares entre sí se me vienen manifestando reiteradamente ante comentarios afirmativos cargados de conciente desconsideración por los matices, ante justificaciones miserabilistas que intentan comprender y defender actos ajenos y sobre todo propios de naturaleza bochornosa, decadente o pusilánime.
Síntomas similares me vienen ante gestos despreocupados, menosprecios varios, glorificaciones de lo abominable, ventajeos subrepticios y desleales, intrigas mendaces, victimizaciones chantajistas, autoadulaciones patéticas, pérdida irrefrenable de la estética y el respeto. Y qué decir cuando me enfrento con el cinismo patoteril de cualquier pelagatos con designación oficial, o con la avaricia ramplona de cualquiera con dos mangosa su alcance, o con el "poronga" de piel teñida a 220 y, ahí no se que me pone peor, su círculo de soba medias ataviados con combinaciones imposibles.
Tengo que dar cuenta rápidamente de estos síntomas, algo me pasa, estas dolencias tarde o temprano terminarán alejándome del mundo o éste me excluirá a algún rincón inhóspito.
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