lunes, 26 de mayo de 2008

De la patria de los sueños


Cómo recupero esos sueños? Esa es la pregunta. Esos callejones temerarios en los que me encontré intentando escapar del ataque de sujetos extraños de los cuales uno me acechaba fumando en pipa, otro se deslizaba desde un techo por un árbol seco mientras yo alertaba a mi primo que huyera con la cámara de video.
Qué produjo en mí la imagen de un líder de lo otro como de dos metros y un poco más con una cara desfigurada, una especie de Depredador un poco más humanoide que evidenciaba un poder superador e intentaba hablar por una boca sanguinolienta y deforme?
O esa gorda vestida con un sensual camisón de tul lila y cabellos anaranjados brillantes los cuales se cepilla sensualmente mientras me mira a traves de una cortina de caireles?
O esos espacios inverosímiles en los que se amontonan camas, mi abuela, la esposa de un amigo escribiendo un ensayo a lo lejos y yo deambulando perdido?
Sueño. Que hermosa actividad. Que despliegue de significados ocultos. Sufro, padezco, gozo, deambulo, alucino. Algo me queda de esa galería de desvaríos impredecibles, trato de no perderlo aunque quizás sea esa la naturaleza más intrìnseca de las secuencias que producimos mientras dormimos, la de lo efímero, lo pasajero, lo inasible. El sueño en su dimensión más fantástica y frágil, ese es el que nunca podré recuperar, sin embargo de la emergencia insólita de escenas grotescas o abominables creo que algo queda impreso en algún lado. Algo me traigo de esa patria de miedos y juegos, de evocaciones, obsesiones, desfiguraciones y alusiones macabras. Me parece que de los sueños, la tierra del sinsentido también se alimenta nuestro espíritu.

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