jueves, 11 de junio de 2009

Ups! Un agudo desacuerdo con mi amigo

Mi querido y tierno amigo Orson - amigo, amigo, de años, de un tiempo fuera de los calendarios- dice comentando una entrada previa"Jamás la angustia como condición para la creación".
Orson La verdad es que tengo que decir que disiento profundamente en parte con tu afirmación.
No es que piense en una condición como en un protocolo, como una especie de burocratización de del proceso creativo "Siga los siguientes pasos: levántese tarde, coma poco y beba mucho, fume a cualquier hora, maltrate a su pareja y luego llore arrodillado ante ella por sus exabruptos. Luego siéntese a escribir"
Si algo tendrá, creo, el proceso creativo es cierta esencia inconmensurable, indefinible. Aún así creo que todo acto creativo parte de una situación de angustia, de falta, de vacío. Creo que uno se expresa porque algo le falta, justamente aquello que se propone decir. Uno escribe, filma, pinta, diseña, equis, porque en algún lugar, más o menos conciente uno siente que algo, justamente eso que uno está haciendo, le falta al mundo.
No me imagino, ni encuentro en la historia, las mejores obras surgidas de mentes felices y estables, más bien percibo que han surgido de seres sufrientes, dolidos, de intimidades turbulentas y en pugna irredenta con el mundo.
Claro, prefabricar estos estados,"producirlos" es como una versión Academia Pitman de la labor creativa. Definitivamente no suscribo eso. Sí creo en la relación entre creación y dolor. Y la obra como un paliativo, a veces escaso o inutil - para mí los mejores casos-, a veces como un analgésico o un narcótico estimulante de las peores zonas del narcisismo.
Marx dijo que la lucha de clases es el motor de la historia, yo creo que la angustia es el motor de la creación artística.
Orson te quiero.


2 comentarios:

Orson Díaz dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Orson Díaz dijo...

O la condición de artista como condena invulnerable...
No quiero resignarme a eso, porque pasa a convertirse en un sino. Y abruma la angustia, nos desbarranca las penas hasta dejarnos carne. Yo prefiero pensar, como decía Diderot en "La Paradoja del Comediante", que "actor es aquel que llora con el cerebro y no con el corazón" (si es que, a pesar de Hitchcock, podemos poner al actor en el lugar de artista...).
Te quiero. Tanto.