El martes hubo pueblo, ocurrió pueblo, aconteció pueblo. En la plaza estuvimos y fuimos pueblo.
Hablar de pueblo, cuestión plagada de sentidos varios. Ellos por ejemplo lo negaban (hay video del hijo de un filósofo virtuoso devenido en gurú del espanto que terminó el martes en el que enfatizaba su negativa, y la de ese proyecto político, a hablar de pueblo, "nosotros hablamos de individuos", está en Youtube).
Hay quienes imputan la versión del pueblo como esencia, como sujeto que tiene una vida, una historia, un origen y una secuencia de experiencias, lo califican de creencia, ilusión, hasta quizás espejismo. Quienes lo asocian a la barbarie (las patas en la fuente el gran ícono) recuerdan por ejemplo que ese pueblo ovacionó a Galtieri tanto como meses antes pidió Paz Pan y Trabajo. Se señala su inconsistencia, su manipulabilidad (?), su endeblez conceptual (evito usar ideológica).
Izquierda y derecha y su relación con sujeto pueblo. Otro tema.
No se le puede hacer un reportaje al pueblo. Cada vez que se intenta, se recurre a metonimias vertiginosas. Tal o cual es pueblo. Ubaldini es pueblo se decía, Maradona es pueblo. ¿Quién es pueblo hoy? ¿Lescano de Damas Gratis? ¿Tevez el millonario amigo y socio de los oligarcas? ¿Los trabajadores organizados? ¿Los movimientos sociales?
¿Pueblo es un amontonamiento de personas en un lugar determinado cantando el himno? ¿Cuántas deberían ser para alcanzar la condición pueblo? ¿La muchedumbre que se juntó a despedir al Presidente saliente o las que colmaron las plazas en su campaña electoral son pueblo?
Creo que no. ¿Porqué? En principio porque los ideólogos de esa propuesta no quieren serlo, tal como se señaló antes. Pero también porque el pueblo no existe como fenómeno numérico, no es que si juntas más de diez, veinte o treinta mil sos pueblo. Multitud no es pueblo. Pueblo es otra cosa.
Hay quienes piensan al pueblo como algo que acontece, ocurre, está siendo. Y su historia es la suma de esos fenómenos en los que ese sujeto confirma su existencia. Me convence más esa versión.
Me parece que el pueblo invoca, afirma, cada vez que se expresa, una historia de la que se nutre y a la que le agrega nuevos capítulos en cada acontecimiento. Entonces pueblo es memoria, pero no una enciclopédica, académica, erudita o museológica. Es memoria constituida por conquistas, masacres, derrotas, victorias. Alojada en cuerpos, en gestos, en cantos, en consignas, en recorridos, en ceremonias, en rituales, en estandartes, en olores, en texturas.
Desde esta perspectiva el pueblo no tiene un destino cierto ni una estrategia ni siquiera un plan. Es más bien una serie de acontecimientos que se acumulan y retroalimentan.
Pero ojo pueblo también es una decisión, y quizás eso hoy sea una cuestión clave. En esta era de redes sociales y de narcisismo de las pequeñas diferencias pueblo es también decisión de formar parte, de sumarse a la experiencia de ser pueblo, de acontecer, habitar en él.
¿La multitud del martes fue pueblo? Yo creo que sí.
Razones: heterogeneidad absoluta, contenidos, estética, también vínculos e instituciones participantes. Si el martes tenías la voluntad de formar parte, no importaba en qué llegabas, Audi o bondi, lancha o subte, no importaba como ibas, minifalda y barba o panza y tetra, te sumabas y marchabas con el resto por las calles y con cualquiera festejabas y celebrabas. Y ahí nomás ya eras pueblo.
jueves, 19 de diciembre de 2019
martes, 8 de enero de 2019
Adolescencia I
Se me apareció de nuevo un recuerdo, aprovecho y lo registro ante futuras -y probables- disipaciones.
Hermoso pasaje adolescente. Sábados. Altillo, Colegio Nacional de Banfield. Juan Chaves y Héctor Nogués impulsaban la irreverente empresa de iniciarnos en la actividad teatral. Pasábamos ahí un montón de tiempo, que incluía también funciones nocturnas. Jetattore, El Burgués Gentilhombre, El Grito Pelado, El baile de los ladrones. Hubo otras.
Ejercicios actorales (me acuerdo de los de relajación y respiración), preparación de las obras, amistades. Quienes habitamos ese tiempo y ese espacio cada vez que queremos recordar momentos vitales y plenos recurrimos al Altillo sin vacilar.
Pero en este caso el recuerdo también incluye a mis padres, siempre acompañando, aún más, sumándose con infrecuente generosidad.
Uno de esos sábados ellos esperaban mi llegada para un habitual almuerzo en un restaurante cercano al Colegio (ritual clase media 100%), pero la actividad, los ensayos, el estar siendo adolescente de un modo tan intenso y dramatúrgico me demoró al punto que ya no me esperaron. Lejos de reprochármelo fueron más allá y aceptaron que fuera luego a comer con Mau y El Gallego (los tres con personajes en El Burgués...) dejando pago el gasto.
Los tres, dos de 17 o 18 y yo 14. Mesa de elegante restoran banfileño, mirando la carta ante un mozo amable y hasta compinche. No recuerdo mucho más del entorno. Me pregunto de que habremos hablado, de cuantas cosas reímos en esa tarde. Fue un tiempo sin fisuras, intenso, pleno.
Algo físico me pasa. Latidos, cosquilleo en la panza, agitación leve. No se, debe pertenecer a la fisiología propia de evocar momentos hermosos.
Hermoso pasaje adolescente. Sábados. Altillo, Colegio Nacional de Banfield. Juan Chaves y Héctor Nogués impulsaban la irreverente empresa de iniciarnos en la actividad teatral. Pasábamos ahí un montón de tiempo, que incluía también funciones nocturnas. Jetattore, El Burgués Gentilhombre, El Grito Pelado, El baile de los ladrones. Hubo otras.
Ejercicios actorales (me acuerdo de los de relajación y respiración), preparación de las obras, amistades. Quienes habitamos ese tiempo y ese espacio cada vez que queremos recordar momentos vitales y plenos recurrimos al Altillo sin vacilar.
Pero en este caso el recuerdo también incluye a mis padres, siempre acompañando, aún más, sumándose con infrecuente generosidad.
Uno de esos sábados ellos esperaban mi llegada para un habitual almuerzo en un restaurante cercano al Colegio (ritual clase media 100%), pero la actividad, los ensayos, el estar siendo adolescente de un modo tan intenso y dramatúrgico me demoró al punto que ya no me esperaron. Lejos de reprochármelo fueron más allá y aceptaron que fuera luego a comer con Mau y El Gallego (los tres con personajes en El Burgués...) dejando pago el gasto.
Los tres, dos de 17 o 18 y yo 14. Mesa de elegante restoran banfileño, mirando la carta ante un mozo amable y hasta compinche. No recuerdo mucho más del entorno. Me pregunto de que habremos hablado, de cuantas cosas reímos en esa tarde. Fue un tiempo sin fisuras, intenso, pleno.
Algo físico me pasa. Latidos, cosquilleo en la panza, agitación leve. No se, debe pertenecer a la fisiología propia de evocar momentos hermosos.
lunes, 9 de julio de 2018
Milagro cotidiano
Dudo mucho en escribir estas líneas. Entre frase y frase me detengo un buen rato. Soy de los que piensan que hay cosas, por más acertadas que sean no deben ser dichas. Que se yo, un poco siguiendo eso de que no se puede hablar de todo. Sin embargo sigo escribiendo. Me quiero referir con asombro, ese asombro que alguna vez escuché decir, era el que habitaba en la mirada del universo que tenían los antiguos griegos, a un milagro cotidiano. El que se produce cada vez que nos dormimos, cada vez que nuestra conciencia se suspende por un rato. Lo pienso y me parece increíble. Ante el hambre, las penurias, la pobreza de cada vez más hermanos; ante las formas tan ominosas de la banalidad y la insensibilidad, ante la hipocrecía escandalosa, el cinismo cruel, los cataclismos medioambientales, la violencia y la injusticia, la codicia y su expansión pandémica, ante todo esto (de lo que dudaba en hablar), a lo que cada uno podrá sumar una lista aún mayor de personales padecimientos; aún así, conservamos la capacidad, auxilidada de diversas y muchas veces tóxicas maneras, de suspender la vigilia y ausentarnos de este mundo bajo la forma del sueño que a veces con sobrados motivos deriva en pesadillas y otras en escenas líricas, fantásticas, paradójicas o encantadoras.
Se conocen varios estudios sobre la actualidad del milagro del sueño, se sabe también que cada vez cuesta más propiciarlo (razones para tal dificultad como vimos no falta). Este hábito de cerrar los ojos y quedarnos quietos dejando que la parte más libre de nosotros invente algunas secuencias intimas, me parece, se trata de las cosas más sanas que aún hacemos.
No tengo los suficientes elementos para argumentarlo, pero intuyo que el espacio de libertad que aún posee el sueño deberá ser defendido en uno de los posibles futuros que se dibujan en el horizonte.
Se conocen varios estudios sobre la actualidad del milagro del sueño, se sabe también que cada vez cuesta más propiciarlo (razones para tal dificultad como vimos no falta). Este hábito de cerrar los ojos y quedarnos quietos dejando que la parte más libre de nosotros invente algunas secuencias intimas, me parece, se trata de las cosas más sanas que aún hacemos.
No tengo los suficientes elementos para argumentarlo, pero intuyo que el espacio de libertad que aún posee el sueño deberá ser defendido en uno de los posibles futuros que se dibujan en el horizonte.
lunes, 2 de julio de 2018
Escena íntima
1 de julio. 1974. Quiero recuperar un instante; el que ocurrió en la tarde de ese mismo día cuando mi padre vino a buscarnos a mi hermano y a mí a la escuela. Yo ya sabía de la muerte. Lo había escuchado de mi maestra de 5º grado que celebraba ante nosotros, sus alumnos: "bue, listo, al fin se murió". Ya me había acongojado (con diez años ya era peronista) y casi agarrado a piñas con un compañero que amagó burlarse.
Ya había pasado todo eso y alguien entró al grado avisando que me habían venido a buscar. Junté mis cosas y salí del aula. Todo eso lo recuerdo muy bien pero lo que hoy evoco con emoción ocurrió inmediatamente después.
La escuela tenía, supongo que lo sigue teniendo, un estilo de edificio público bastante típico de las primeras décadas del S XX. Las aulas se distribuían en dos pisos que se conectaban al principio por una escalera amplia. El aula de 5º grado turno tarde se ubicaba en el piso de arriba. Fue bajando esos escalones blancos que encontré la angustiada presencia de mi padre esperándome. Mientras descendía observaba su esfuerzo, creo que infructuoso, por no llorar. Es un recuerdo que ya no se borrará nunca más de mi memoria. Creo que hoy le agrego una comprensión mayor que la que tuve antes. Entiendo el dolor de un padre que ve a sus hijos, a sus guardapolvos blancos, descendiendo al mundo que ya no tiene al líder popular entre los vivos. Entiendo la congoja, el desasosiego, la pena.
Ese día, que muchos festejaron - como mi maestra (Moore de apellido, que querés) -, estuvo también plagado de escenas íntimas, casi pudorosas, de dolor y congoja como la que vivió mi padre y de la que no fui ajeno. Quizás sirva de algo evocarla, compartirla. Al fin y al cabo mucho de la experiencia colectiva se forja entre la memoria y el olvido.
miércoles, 3 de mayo de 2017
El chico que corre a mi lado
La situación: Mañana soleada y templada de otoño. La saludable rutina del ejercicio matinal esta vez incluye la bici. A la par un joven (entre 20 y 30 ponele) trota. Compartimos el sol y ese aire tranquilo que en un rato estará invadido de humos y ruidos. Pedaleando supero al runner y reparo en sus zapatillas: son del tipo de las viejas Flecha o las más modernas Converse. El modelo que eligió o que dispone para la actividad es definitivamente inconveniente. De acuerdo a varios estudios confiables la saludable práctica de correr durante un lapso mayor a treinta minutos puede tener consecuencias negativas si no se realiza con el calzado apropiado. He sufrido en carne propia esos descuidos sumado a la desatención en el estiramiento previo. El muchacho en cuestión sigue corriendo, aún escucho su trote y no puedo dejar de poner la atención en el ruido de esas suelas planas y delgadas.
La cuestión: ¿Qué hago? ¿me incumbe? ¿Es problema mío que probablemente sus articulaciones y algunos de sus músculos se resientan e inclusive se lesionen? ¿No es un acto de mezquindad insalvable quedarme con una información fehaciente que atañe directamente a su salud? Por el contrario, ¿qué derecho tengo a inmiscuirme en su soberana decisión de correr con el calzado que le venga en gana? ¿porqué meterme en su momento de ejercicio que en general supone un tiempo esencialmente personal, una práctica de soledad saludable?
Las conjeturas: Sigo mi marcha en silencio. Supero el momento, olvido el golpeteo de las suelas, al muchacho, la mañana, las tendinitis, pero en mi interior retumban y se ramifican preguntas. Cuánto nos preocupan los problemas de los demás, cuánto derecho tenemos a intervenir en pesares ajenos, cuáles son los medios por los cuales podemos identificar y aseverar con certeza que aquello que diagnosticamos es efectivamente lo que el otro está padeciendo y por lo tanto que lo que proponemos es adecuado para el otro.
Pienso que por más virtuosa que pueda sonar la preocupación, la motivación; de todos modos deriva más veces de las que uno quisiera en sometimientos, abusos, opresiones. En algún momento de esta minúscula cadena de percepciones, emociones, razonamientos y procedimientos una o varias cosas se desalinean, desajustan, tergiversan, confunden.
Para cerrar: Una circunstancia trivial, de notoria intrascendencia me permite pensar la relación entre la sensibilidad, la capacidad de sufrir lo que le pasa al otro, empatía creo que es, y el accionar sobre lo ajeno. Me parece que son preguntas de hondura política, medio vanidosamente intuyo que son de las que tramitan cuestiones primordiales, iniciales, originarias de la legitimidad del poder.
viernes, 13 de enero de 2017
La Madera
Tuve que podar unas voluminosas ramas de uno de los árboles que habitan el patio. Esa mutilación que propinamos en los bellos e inmóviles seres vegetales en pos de beneficios humanos. Se ocuparon de la tarea dos aguerridos laburantes paraguayos que conozco hace tiempo. Oficié de meritorio diríamos. Entre los tres lidiamos con ramas macizas que tuvimos que ir talando con sumo cuidado evitando que se desmoronen contra techos, cableados, cañerías y otros dispositivos humanos.
En un alto comimos sopa paraguaya, una amiga cocinera me obsequió con el ansia de conocer el veredicto de expertos consumidores de esa receta. Mientras ellos aprobaban con gusto y desconfianza el convite ("esto lo hizo una argentina?") me detuve un instante en uno de los fragmentos a los que íbamos reduciendo las pesadas ramas. Sobrevino un arrebato cuasi poético, quizás desubicado pero honesto. Comenté sobre la nobleza de ese pesado tronco, su esencia natural, su densidad contundente hecha de tiempo y muy pocas cosas más. Miré el árbol, lo imaginé como una maquinaria incansable, serena, austera y prolífica. Me maravillé con la simpleza y materialidad de la madera.
Hace poco escuché a un poeta hablar de los antiguos y su relación con el mundo. Decía que ellos, a diferencia de nosotros los modernos, no desconfiaban de lo que los rodeaba, es decir que no los constituía la duda, la interrogación a la que somete un sujeto cualquier objeto, sino el asombro, la sorpresa. Una forma de vincularse con las cosas en tanto parte y no fuera de ellas. El árbol me permitió ensayar una actitud antigua.
En un alto comimos sopa paraguaya, una amiga cocinera me obsequió con el ansia de conocer el veredicto de expertos consumidores de esa receta. Mientras ellos aprobaban con gusto y desconfianza el convite ("esto lo hizo una argentina?") me detuve un instante en uno de los fragmentos a los que íbamos reduciendo las pesadas ramas. Sobrevino un arrebato cuasi poético, quizás desubicado pero honesto. Comenté sobre la nobleza de ese pesado tronco, su esencia natural, su densidad contundente hecha de tiempo y muy pocas cosas más. Miré el árbol, lo imaginé como una maquinaria incansable, serena, austera y prolífica. Me maravillé con la simpleza y materialidad de la madera.
Hace poco escuché a un poeta hablar de los antiguos y su relación con el mundo. Decía que ellos, a diferencia de nosotros los modernos, no desconfiaban de lo que los rodeaba, es decir que no los constituía la duda, la interrogación a la que somete un sujeto cualquier objeto, sino el asombro, la sorpresa. Una forma de vincularse con las cosas en tanto parte y no fuera de ellas. El árbol me permitió ensayar una actitud antigua.
viernes, 23 de diciembre de 2016
La niña
Banco Nación. Espero que me atiendan. Pertrechado de libro, auriculares para escuchar música desde el celular, todo para soportar de la manera más aislada y apacible la espera ingrata y tediosa. Sin embargo una voz atraviesa la barrera sonora. Saco un auricular y escucho a una mujer dando indicaciones a su pequeña hija. Ella escribe una carta para Papa Noel con el propósito de dejarla en el árbol de Navidad que los empleados del banco armaron para la ocasión. Escena cargada de ternura e inocencia. La madre con paciencia deletrea c a s t i l l o y le aclara que el 1 escrito al revés quizás confunda a Papa Noel. Reacio a suspender el aislamiento, no vuelvo la cabeza lo suficiente como para verles los rostros. La niña termina la esquela y la deja en la base del árbol. Terminó la situación y sin problemas vuelvo a mi voluntaria reclusión. Retomo la lectura y las sonatas de Beethoven. De repente la niña se adelanta, la veo, no tendría más de cinco años, calculo. Me saco el auricular como para percibirla mejor, como si además de identificar su fisonomía necesitara captar su voz. Ella aparentemente no divisa la carta que unos minutos antes dejó en el arbolito y entonces pregunta a su madre: "Ya se la llevó?". Sus ojos transmiten inocultable entusiasmo, la satisfacción de estar quizás más cerca de que Papá Noel, ya enterado del pedido, cumpla su deseo. La carta sigue ahí, aclara señanlándola, la madre. Ya vendrá Papá Noel por ella, tranquiliza acto seguido. No vuelvo a mi dispositivo aislacionista. Me quedo pensando en los modos silenciosos, crueles a veces, sofisticados o perversos otras, en que vamos perdiendo toda capacidad de percibir magicamente el mundo. Me quedo pensando en eso que la niña todavía posee.
jueves, 11 de agosto de 2016
Paja y viga
Hablar en primera persona del plural. Hasta dónde llega?
Si pienso en como somos. De quiénes hablo?
LLamativa. La práctica de la indignación selectiva. Quiénes? Nosotros o ellos?
Nadie señala nada objetable de si mismo y de los propios.
Y yo quién soy para objetar algo de nosotros mismos?
Mejor el atajo de la indignación ante el disparate ajeno, total sobran y son aberrantes.
Y en realidad ya fue dicho, o representado, refranado.
Paja ajena, viga propia.
La repetición. Una y otra vez.
La rueda, las cosas que vuelven al mismo lugar, o a uno parecido pero ya visto, con algo de cocido, más todavía, pasado.
Y si esta vuelta le metemos una parada nueva? Esa en la que nos aqueja mucho lo propio? Lo de este lado? Podemos ver que hicimos mal? O no?
Mejor que no, lo de ellos es mucho peor. Es evidente. No caben dudas y no nos pongamos ahora en derrotistas que la severidad la merecen ellos más que nosotros.
De este lado la indulgencia. Para ellos la condena, la impiedad. Se la merecen por tuertos, avaros, mezquinos, hipócritas, vulgares.
Nosotros siempre hicimos las cosas con las mejores intenciones y eso es lo que basta. Y mucho (si querés todo) de lo malo nuestro también es culpa de ellos.
Esto va para un lado ya ocurrido y vuelto a ocurrir. Pero no es culpa nuestra.
Que se yo.
domingo, 3 de julio de 2016
Mi abuela
Una emoción capturada con palabras en exacto momento que ocurre.
Estoy haciendo eso.
Me invade sin mayores justificativos una sensación de optimismo, positividad emocional.
A que se debe? El domingo ofrece un cielo plomizo, lluvioso, solitario.
Podría acentuar ciertas faltas, ciertas molestias, particularmente una muela hace ya demasiado tiempo me aqueja.
Y no. Me gana sin sobresaltos pero con claridad una mínima alegría, un bienestar de causa incierta.
Hace un tiempo vengo observando el fenómeno en mí.
Busco explicación. Supongo que habrá alguna más o menos consistente.
Siempre me pareció conveniente mantener una actitud positiva.
Tener una sonrisa a mano. Quedar cerca del humor, de la capacidad de reírse de uno mismo.
Principios con tufo autoayuda.
Pero en este registro percibo algo genético, originario. No provisto por enseñanzas, revelaciones o gurúes. Es visceral, atávico.
Y creo que se de que se trata.
Estoy casi seguro que lo que arma ese ánimo jovial, sonriente es el espíritu de mi abuela, ese que llevo en mi sangre. Ancestral, proteico, elemental.
Porto con orgullo su genética de la sonrisa y la gracia. Injustificada y persistente, que no discrimina climas ni ocasiones.
Es eso lo que me pasa. Está en mi sangre. Mi abuela.
sábado, 16 de enero de 2016
They Live
En estos días entre la gente que me rodea se afirma un clima de desazón profundo; lo comparto pero trato de pensar de que manera puedo contribuir a digerirlo, a elaborarlo, a convertirlo en nuevas propuestas. Estoy atento a las reflexiones de Jorge Alemán, de Grimson, de muchos compañeros que a través de las redes comparten reflexiones e impresiones. Dos cosas trato. Una: diferenciar mi voz, no con un ánimo narcisista, más bien con la comprensión de que cada uno, en este colectivo angustiado y perplejo, debe aportar su diferencia, su singular perspectiva. Dos: estar abierto a la disonancia, a la controversia; después de todo, el espanto nos mantiene unidos.
Siguiendo en esta línea uno puede enunciar algunas observaciones, algunos análisis aún corriendo el peligro de que se lean como defecciones, como renuncias, como aceptaciones inadmisibles, como claudicaciones. Habrá que estar atentos a que todo esto sea útil y no nos embarque en acusaciones, descalificaciones entre unos y otros de los que al fin y al cabo estamos en un mismo espacio.
Entre otros se vuelve un tema de discusión aquello que nos une, que nos conecta, que forma identidad. Y más allá de la discusión aquí y ahora en torno a símbolos, liderazgos, hitos y conquistas hay referencias que nos iluminan, productos culturales con un alto valor nutritivo para la consolidación de ciertos núcleos de coincidencia.
No me deja de sorprender la dramática vigencia de They Live (1988), de John Carpenter. Estoy seguro que se trata de una película imprescindible, sobre todo en lo referido a la cuestión de las conciencias colonizadas por los discursos mediáticos, y como pueden ver por la fecha de estreno, no se trata de una película coyuntural. Zizek habla de ella en The Pervert's guide to Ideology.
Comparto, en tren de aportar a los debates que debemos realizar, link de la película y del análisis del esloveno.
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